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Published octubre 25, 2020

Entrevista a Carlos Castaneda por Kala Ruiz

«La Jornada» Enero de 1997

«El 26 de enero de 1997 ocurrió lo inesperado: Castaneda apareció ante
miles de personas, reunidas en un seminario, para confirmar que el
camino del guerrero existe, que es una experiencia posible y puede ser
practicada por cualquier persona mediante la tensegridad, palabra que
resume las enseñanzas de su maestro. Grande era la expectativa y, de
pronto, un gran silencio. Ahí estaba el pintoresco personaje, el
nagual brujo. Chaparrito y delgado, con ojos de águila, riendo
festivo, jugando a inventar instantes, rompiendo la formalidad con
inteligentes chistes.

–¿Cómo definiría a don Juan Matus, su maestro y amigo? –Era una
chaman, aunque él me decía: no soy chaman, pendejo, soy un brujo…
era re mal hablado. –¿Qué es la brujería? –Es el arte de interrumpir
el flujo del sistema de interpretación… es otra manera de
interpretar. En el México antiguo hubo un género entero que se
dedicaba a engrandecer los límites de percepción. Pasan cosas
increíbles para la mente normal. Eran seres rituales para poder
esconder cosas de tremendo valor.

–¿Cómo se manifiesta esa brujería o magia? –Podemos percibir la
energía como fluye, el poder ver la energía tan sólo un momento, da
reintegración, se reagrupa algo inaudito, no tenemos práctica. Se
reagrupa en otra percepción y estamos frente a otro universo. Hay
brujos capaces de hacer cosas inaudibles. Pero estamos siempre con
ideas que no nos han permitido desarrollar el potencial humano, como
la ciencia. A mí me han dicho: «esto no es científico, Carlos, esto
es pura superstición»–. ¿Pero dónde estaríamos si todo se hubiera
podido probar? –¿Cuáles fueron los factores, en su infancia, que le
llevaron a ser el personaje que hoy es?

–Cuando yo fui concebido no hubo excitación sexual, por eso salí
estrafalario. Don Juan me decía: «Yo veo que tu mamá ni supo lo que
le pasó; no sintió nada. A tu papá no le gustaba el acto sexual y te
concibieron detrás de la puerta, por eso saliste chaparro y nervioso.
Obsérvate: siempre estás como si te estuvieran correteando. Vas en
busca por el mundo con esa ansiedad porque tu concepción fue
civilizada; eso le pasa a casi todo el mundo. Es por eso que se te
dificulta saltar al intento de los brujos. Si quieres estar a la par
de la gente que fue concebida sabrosamente y son capaces de todo, de
una tremenda energía que no se puede desperdiciar, disipar… va a
estar difícil, porque eres el producto de una cogida aburrida. Vas a
tener que hacer una tremenda labor para poner en su lugar todos los
pedazos energéticos para poder saltar a las otras dimensiones.

–¿Por qué fueron tan pocos los alumnos de don Juan? –Don Juan no
quería alumnos que estuvieran en candilejas porque se agotarían
demasiado rápido. Pero por eso yo, las tres brujas: Florinda, Taisha y
Carol, y Chakmoles, estamos tratando de enseñar y transmitir todas sus
enseñanzas.

–Sabemos que Carol Tiggs desapareció durante algunos años de esta
realidad, ¿nos puede comentar algo al respecto? –Carol Tiggs… un
ser bastante extraordinario. Se fue… desapareció como persona del
mundo cotidiano. Puede sonar como una estupidez, pero si seguimos el
raciocinio de don Juan, es de lo más natural. El mar de la conciencia
para los brujos y, a través de ella, usándola como medio… pueden
pasar cosas irracionales. Desaparecerse es natural en nuestro mundo
cognitivo. Carol Tiggs estuvo ausente por 10 años. Pero un día estaba
yo en una librería, curioseando, cuando de pronto… veo un manchón
ambarino, el color de la disciplina del brujo. «El color ambarino no
es natural… me acerqué al manchón, y se empezó a distinguir como un
túnel del cual una silueta avanzaba hacia donde yo estaba… ¡era
Carol Tiggs! No supo dónde había estado 10 años. Fue tanta nuestra
añoranza por ella, de los tres que nos quedamos, que no podíamos
hablar de ella, ni pensar en ella; era muy peligroso. Pero ahora ella
está aquí y parece como de 25 años. Anduvo navegando en otra
realidad».

–¿Somos herederos del conocimiento del antiguo México? –En verdad
no, no nos interesa; tenemos otras prioridades. No, no es su México ni
mío, pero sí podemos tener acceso a él. –¿Cuál es la barrera, qué es
lo que nos detiene? –Muchas cosas. Pero somos los poseedores de un
sistema extraordinario. ¿Pero que hacemos? Nos emborrachamos, nos
metemos por el pico todo: comida, pastillas… ¿Eso es amor personal?
Son los más egomaniáticos, están regidos por idealidades que no tienen
sentido. ¿Cómo contribuimos al conocimiento, qué queremos de la vida?
¡Pucha, qué cosa bruta! Soy old age, decía

Sigue Carlos Castaneda contando, envuelto en su propio humo, sin
cigarro. Mirando sin ser él, sabiendo que es otro. Nosotros. –¿Qué
más desearía hacer en esta vida? –Yo tengo que encontrar todo lo que
pueda mientras tenga esta conciencia. Don Juan decía: «Yo no estoy de
acuerdo con los acuerdos en los que yo no participé. Por ejemplo: la
vejez; yo no acepté ser viejo. Por eso estoy joven; es mi deber
rehusarlo». –¿Qué piensa del ego, del yo? –Don Juan decía que no
hay que hacer alarde de la egomanía, del yo, yo, yo. No se puede estar
en las candilejas todo el tiempo. El me decía que yo era un
egomaniático: «entre más chaparro, más maniático». Yo era para él el
señor pesadilla. –Pero qué saca usted, don Juan, de su relación
conmigo; él decía: «muchísimo, siempre que te veo me dan náuseas; me
quiero vomitar; ¿y alguna vez lo has notado?, ¿lo ves?… me
renuevas». Le di años de felicidad, porque se moría de risa de mí.

El no dejaba pasar ni una sola oportunidad para enseñarme algo;
además, siempre se veía tan joven y yo tan viejo, porque bien que le
daba al vino y al cigarro, andaba medio mareadito para darme valor.
Entonces don Juan me dijo: «Nos vamos a ir al monte por 10 días,
¿cuántos paquetes de cigarros necesitas?». «Como 10», contesté.
«Muy bien», dijo; «entonces empácalos muy bien con cinta adhesiva y
compáctalos perfectamente para que los coyotes no los huelan». De
inmediato me puse a preparar el paquete dándole varias vueltas con la
cinta adhesiva; hasta inventé un mecanismo donde dejé un agujero por
donde cupiera mi mano, sacara una cajetilla, y al sacarla volviera a
quedar el paquete otra vez sellado, ¡una maravilla de la inventiva!
Nos fuimos al monte. Al segundo día por la mañana mi paquete de
cigarros había desaparecido; sólo se veían las huellas de los coyotes
y del paquete arrastrado. –¡Ah!, no te preocupes –dijo don Juan–;
no creo que lo hayan arrastrado muy lejos. Vamos a buscar tu paquete
de cigarros. «Durante ocho días anduvimos buscando el dichoso paquete
de cigarrillos; loma arriba, loma abajo; cuesta arriba, cuesta abajo.
Mi precaria condición física me estaba matando, ahí andaba yo con la
lengua de fuera, hasta que me tiré al piso y le dije: «me rindo, ya
no puedo más». «¿Ya no quieres buscar tus cigarrillos?», preguntó.
«No» –contesté– lo que quiero es sobrevivir (con la garganta seca
tosiendo la nicotina). «Muy bien», dijo, «entonces aquí se acabó el
viaje». Abrió unos matorrales y ahí enfrente de mis narices apareció
su casa. Esa era su manera de transmitir lo ininterpretativo. Ahí se
me acabó el vicio del cigarro y el vino para siempre. El hacía esas
cosas… como deshilacharme mis suéteres de Dinamarca y entregarme la
bola de hilo. ¿Para qué?, para que interrumpiera mi sistema
interpretativo, para dejarme en libertad, sin información y sintaxis.
–¿Cómo es la vida de un brujo? –Si lo que haces no tiene influencia
en tu vida, no sirve. Para un brujo es una aberración. No puedes ser
erudito de 9:00 a 15:00 horas y ser un piojo en el resto del tiempo.
Tienes que ser un guerrero impecable de tiempo completo. Después de
saber lo que uno sabe, debes comportarte con impecabilidad. Don Juan
decía que no se puede insistir en las cosas, salen de una manera
natural, si insistes, ¡zas!, se acaba la magia.

–¿Qué piensa de esta ola de descontento hacia el new age (nueva
era)? –De qué me preocupo, si a mi edad yo soy old age (vieja era).
Brujería es ser viejo y joven; new age es estupidez. Yo no me puedo
permitir lujos de egomanía. Don Juan me lo quitó. El me dijo: «Tu ego
es como un clavo, te va a doler un poquito, pero te lo voy a quitar».
Y… ¡pum!, me lo sacó. Le dije: «gracias, me siento bien». «No te
preocupes… tienes 13 clavos». A veces yo le decía: «Sáqueme otro
clavo», y él contestaba: «no, hoy no».

¿Dejó la antropología por el camino del nagual? –Dejé la antropología
y todo lo que incumbe al mundo cotidiano, pero me dio algo inaudito:
la lucha, la batalla… el objetivo está en el horizonte, no aquí.
Deja de ser hombre, macho latino, deja las riendas. Tu madre te hizo
creer que eras extraordinario, porque eres hombre de chile. Te
enseñaron que las mujeres son para tu uso, como decía Aristóteles: las
mujeres son hombres lisiados. El que muchas de las mujeres y Carol
Tiggs sean mejores que yo, eso es revolución.

–¿Cuál era el propósito de don Juan al transmitir sus conocimientos?
–Don Juan no era un maestro ni un gurú; él quería perpetuar su
linaje. Y cayó sobre mí esa tremenda responsabilidad. Pero yo no soy
como él, no lo puedo perpetuar. Más bien estoy aquí para cerrar el
círculo del linaje… pero con una gran elegancia exquisita. Y con los
pases mágicos de la tensegridad que son una fuerza aglutinante.

Nos enseñaron 41 líneas enteras de pases mágicos. Yo no tengo
secretos, quiero causar conmoción cerebral para que se muevan a una
revolución energética. Nada de old o new age (vieja o nueva era),
religión ni nada… pero sí tenemos el interés de usar esos pases
mágicos de miles de años; no se pueden quedar nada más con nosotros.
Los amalgamamos, tenemos 15 años haciéndolo para ver si se puede hacer
un aglomerado de campos energéticos todos juntos. Cerrar el linaje con
una gran explosión, que ustedes me dejen tocarlos, revelar, transmitir
los conocimientos.

En 1973, don Juan se transformó en luz, la serpiente emplumada. El y
sus congéneres dieron una vuelta final. Llega un momento en que la
tierra te dice: estás libre… ¡vete! ¡Una existencia tan enorme que
esté consciente de un microbio como yo! (casi llorando) ¡Me
descompone!.. como una madre amorosísima. –¿Cómo tratar a un
egomaniático? –Don Juan decía: a la gente le puedes decir el peor de
los insultos, pero si se lo dices en tono de adulación… quedan
encantados. Para poder ser un guerrero, lo primero es desligarse del
yo personal. Para qué andar con enojos; la batalla no está aquí, está
en el horizonte.

–¿Se le puede robar a alguien su energía? –Nadie te roba energía, te
la dispersan.

–¿En que partes del cuerpo se almacena la energía? –En la vesícula,
vaso, páncreas, hígado y adrenales. El huevo luminoso que está
alrededor de todo el cuerpo capta la energía y la encarga en estos
órganos. Las mujeres tienen otro centro energético: el útero.

–¿Qué hay de la genética? –El comando genético ya no puede ser la
reproducción; el comando genético ahora debe ser la evolución. El
semen masculino está muy bajo; estamos a punto de extinguirnos y
seguimos envueltos en imbecilidades.

–¿El diálogo interno es bueno o malo para un guerrero? –Siempre está
a favor del yo. Hay que parar el diálogo a patadas, perder la
importancia personal. ¿Cómo?, como puedas.

–¿Por qué es tan importante la secuencia de ejercicios de tensegridad
que van a enseñar en este seminario? –Porque están diseñados
especialmente para el valle de México.

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